¿Eres el escogido de Dios?
Dios te ama tanto que jamás te colocará en una posición para la que aún no
estás preparado.
El pesar de no ser elegido o reconocido es un situación con la que todos estamos
familiarizados. A menudo, esa frustración desencadena una batalla de
emociones en nuestro interior y nos lleva a cuestionarnos:
¿Será que no soy suficiente?
¿Será que lo estoy haciendo todo mal?
¿Por qué esto que tanto anhelo no se me da?
Ese torbellino de dudas genera confusión y, lo que es peor, nos lleva a
compararnos con aquellos que —por razones que desconocemos— sí alcanzan la
meta que tanto deseamos. Cuando esto ocurre, el dolor toma el control,
incitándonos a darnos por vencidos y a abandonar el camino.
¿Un rechazo o un acto de amor?
¿Qué pasaría si el hecho de no haber sido escogido fuera, en realidad, el mayor
acto de amor de Dios Padre-Madre por ti?
Su amor es tan profundo que, en su afán de protegerte, decide no exponerte a
una situación para la que sabe que no estás listo y en la que muy probablemente
podrías fracasar.
El no ser elegido hoy no es un rechazo definitivo; es un:
«Por ahora no. Pero si sigues trabajando, dando lo mejor de ti y confiando en mí,
ten la certeza de que ese deseo que habita en tu corazón —y que proviene de mí—
se te dará en el momento que yo consideré perfecto».
Ellos fueron quienes pusieron ese anhelo en tu interior en primer lugar. Sin
embargo, tal como ocurre con una vasija de barro, primero deben moldearte
para que puedas sostener el peso de esa bendición. Porque sí: recibir aquello
que pides es tanto una responsabilidad como un regalo.
Preparando la vasija para la bendición
Dios Padre-Madre colocó en tu corazón esa visión o ese sueño. Pero si tu carácter
o tus capacidades no se han desarrollado a la par de lo que exige esa bendición,
la vasija que está siendo moldeada por sus amorosas manos podría agrietarse o
romperse. Para que aquello que tanto anhelas tome forma en la realidad y sea
duradero, necesita una base sólida.
Por lo tanto, cuando Dios te dice «NO», no significa: «No te lo mereces» ni «No eres
capaz».
Significa:
«Te amo lo suficiente para saber que aún debo hacer mi obra en ti. Confía
—como yo confío en ti— en que, en el momento en que estés preparado,
todo lo que deseas se hará realidad. Y yo estaré a tu lado celebrando la
victoria».
Recuerda siempre que eres amado y que para Ellos eres su hijo adorado. Todo
lo que te sucede en la vida no es más que una muestra constante de que te están
cuidando, amando, sanando y transformando.
Bendiciones infinitas,
Andrea V. Rodriguez B.





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